
La fuerza del equilibrio
Este es uno de los temas más clásicos en el estudio de las relaciones interpersonales. Encontrar una pareja y desarrollar una relación estable a largo plazo con ella es un proceso social clave que tiene consecuencias notables sobre el bienestar individual. El tipo de apego de cada persona determina cómo busca seguridad, el grado de inseguridad que le ocasiona una relación y cómo lidia con él.
En general, las personas seguras prefieren también personas seguras. Sin embargo, entre las personas inseguras la predilección resulta más difícil de prever. Se han propuesto tres hipótesis: se elige por similitud, por complementariedad o seguridad en la relación.
Y hablando del poder de la atracción podemos fijarnos en la figura de Michael Phelps que se ha convertido el mejor atleta de toda la historia al conseguir ocho medallas de oro en los pasados Juegos Olímpicos de Pekin 2008. Sin duda esta gesta no es fruto de la casualidad. Más bien es el fruto del equilibrio entre la preparación física y la capacidad mental.
Hay que tener mucha capacidad de sacrificio para prepararse físicamente con el objetivo de poder nadar con la potencia y técnica necesaria para batir a los rivales. Pero también es preciso poseer una gran fuerza mental para pasarse largas horas de entrenamiento solo escuchando el ruido del agua al contactar con el cuerpo y seguir con la mirada una monótona línea pintada en el suelo. ¿Cuántas cosas deben pasar por la cabeza?
Lo más sorprendente de todo es la gran desproporción entre el tiempo invertido en los entrenamientos para estar en óptimas condiciones y lo poco que dura la prueba en la que debe mostrar sus capacidades frente a sus rivales. Centenares de días frentes a unas decenas de segundos. Todo por conseguir la excelencia.
Quizás las cosas funcionarían de otra manera si las personas responsables del desempeño de puestos clave en nuestra sociedad tuvieran un equilibro parecido en sus capacidades y destinaran una proporción mayor de preparación frente al desempeño de sus tareas. Sería una forma sencilla de mitigar la elevada mediocridad existente a la espera de que aflorara el verdadero talento.
Quizás sea eso lo que en el fondo nos atrae de los demás: la capacidad de aportar equilibrio y aflorar el talento innato que todos llevamos dentro.